XI. EL DISCURSO ESCATOLÓGICO
Capítulo 24
Anuncio de la destrucción del Templo. (Mc 13:1-2; Lc 21:5-6) 1Cuando Jesús salía del Templo y se retiraba, se acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo. 2aÉl les dijo: «¿Ven todo esto? Les aseguro que no quedará piedra sobre piedra; todo será destruido».
Señales del final. (Mc 13:1-8; Lc 21:7-11) 3bCuando Jesús estaba sentado en el monte de los Olivos*, se le acercaron los discípulos y le preguntaron en privado: «Dinos, ¿cuándo sucederá esto y cuál será el signo de tu venida* y del fin de los tiempos?». 4Jesús les respondió: «¡Tengan cuidado, que nadie los engañe! 5Porque muchos se presentarán en mi nombre, diciendo: “¡Yo soy el Mesías!”, y engañarán a mucha gente. 6cUstedes oirán hablar de guerras y hasta escucharán los ruidos de esas guerras. Estén atentos y no se alarmen, pues esto tiene que suceder, pero todavía no es el fin. 7dSe levantará nación contra nación y reino contra reino; en diversos lugares habrá hambre y terremotos; 8esin embargo, todo esto será sólo el inicio de un parto doloroso*».
La persecución que viene. (Mc 13:9-13; Lc 21:12-19) 9«Entonces los entregarán a la tribulación y los matarán, y serán odiados por todas las naciones a causa de mi nombre. 10Muchos fallarán en su fe, y unos a otros se traicionarán y se odiarán. 11fSurgirá una multitud de falsos profetas que engañarán a muchos. 12Al aumentar la maldad, el amor de muchos se enfriará, 13pero Dios salvará al que persevere hasta el fin. 14gLa Buena Noticia del Reino será proclamada en el mundo entero, como testimonio para todas las naciones. ¡Entonces llegará el fin!».
La gran tribulación. (Mc 13:14-23; Lc 21:20-24) 15h«Cuando vean instalado en el lugar santo el ídolo abominable y devastador* del que habló el profeta Daniel (quien lea esto que entienda bien), 16entonces los que estén en Judea huyan a las montañas, 17quien esté en lo alto de la casa no baje a tomar algo de ella 18y el que esté en el campo no vuelva por su manto. 19i¡Ay de las que en aquellos días estén embarazadas o criando!».
20«Hagan oración para que no tengan que huir en invierno o en sábado*, 21jporque habrá una tribulación tan grande como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá nunca. 22Y si esos días no fueran acortados, ninguna carne* se salvaría; pero él los acortará en atención a los elegidos. 23kSi alguien les dice entonces: “¡Miren, el Mesías está aquí!” o “¡está allí!”, no le crean».
24l«Surgirán falsos mesías y falsos profetas que harán grandes signos y prodigios con el afán de engañar, si esto fuera posible, aun a los elegidos. 25Tengan en cuenta que ya les he advertido. 26Si les dicen: “Está en el desierto”, no vayan; o “está en lugares secretos”, tampoco crean. 27Porque así como el relámpago surge del oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre. 28Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres*».
La venida del Hijo del Hombre. (Mc 13:24-27; Lc 21:25-28) 29m«Después de la tribulación de aquellos días, de inmediato el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los poderes celestiales temblarán. 30nEntonces, aparecerá en el cielo el signo del Hijo del Hombre y todos los pueblos de la tierra se golpearán el pecho y verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes del cielo lleno de poder y gloria. 31oÉl enviará a sus ángeles con una gran trompeta, para reunir a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del cielo».
Parábola de la higuera. (Mc 13:24-32; Lc 21:29-33) 32«Aprendan de la comparación con la higuera: cuando sus ramas están tiernas y las hojas van brotando, se dan cuenta de que el verano está cerca. 33Lo mismo ustedes, cuando vean todas estas cosas se darán cuenta de que todo eso está cerca. 34Les aseguro que esta generación no pasará hasta que todo esto suceda. 35pEl cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».
36q«En cuanto a ese día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos ni el Hijo*, sino sólo el Padre».
Necesidad de vigilancia. (Mc 13:33-37; Lc 21:34-35) 37r«Con la venida del Hijo del Hombre sucederá como en tiempos de Noé. 38sComo en aquellos días antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba hasta el momento en que Noé entró en el arca, 39tsin darse cuenta de nada hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos. Así también será la venida del Hijo del Hombre. 40Entonces, de dos que estén en el campo, uno será tomado y el otro dejado; 41de dos mujeres que estén juntas moliendo grano, una será tomada y la otra dejada. 42Por tanto, estén vigilantes, porque no saben el día en que regresará su Señor».
43u«Entiendan que si el dueño de una casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que asaltara su casa. 44Por esto, también ustedes estén preparados, porque a la hora menos pensada vendrá el Hijo del Hombre».
Siervos fieles e infieles. (Lc 12:35-46) 45v«¿Quién es el siervo fiel y prudente al que el señor puso al frente de sus empleados, para repartir el alimento a su tiempo? 46Dichoso aquel siervo que, cuando llega su señor, lo encuentra cumpliendo su tarea. 47Les aseguro que le encomendará todos sus bienes. 48Pero si el servidor malvado piensa en su interior: “Mi señor va a tardar”, 49wy empieza a maltratar a sus compañeros de trabajo, a comer y a beber con borrachos, 50cuando llegue su señor en el día en que menos lo espera y a una hora desconocida, 51lo separará de su cargo* y le hará correr la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y desesperación».
* [24:3] venida: (griego parousia); esta palabra denotaba la visita oficial de un gobernante a una ciudad o la manifestación de una divinidad salvadora. Fue usada por los cristianos para referirse a la venida final de Jesús en gloria (cfr. Mt 24:27, 37, 39; 1 Tes 2:19).
* [24:8] parto doloroso: las tribulaciones que conducen al final de los tiempos se comparan a los dolores de una mujer a punto de dar a luz. Aquí los dolores de parto preceden a la venida del Hijo del Hombre en gloria.
* [24:15] abominable y devastador: esta frase se usa en Dn 12:11 para referirse al acto de profanación en 167 a. C. que cometió el rey asirio Antíoco IV Epifanes, quien colocó una estatua del dios griego Zeus en el templo (1 Mac 1:54; cfr. Dn 9:27; 11:31). Mateo ve el cumplimiento de Dn 12:11 en la profanación del templo a manos de los romanos. lugar santo: el Templo.
* [24:20] en sábado: la tradición judía limitaba la extensión de los viajes que podían hacerse legalmente en ese día (cfr. 12:1-14).
* [24:22] ninguna carne: Esta frase recuerda la fragilidad de todas las criaturas que se mencionan en la narrativa del diluvio (Gn 6:12; 7:21; 8:17; 9:11) y en las principales proclamaciones del Antiguo Testamento sobre la salvación.
l. 24:24: 2 Tes 2:3-4, 9; Ap 13.
o. 24:31: Dt 30:3-4; 1 Tes 4:16.
q. 24:36: Zac 14:7; Lc 17:26-27; Hch 1:7.
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