Evangelio Según Mateo
El Evangelio según Mateo celebra el cumplimiento de la profecía bíblica en la nueva era inaugurada por la muerte y resurrección de Jesús, explica las desafiantes exigencias del discipulado cristiano y proclama la realidad salvífica de la Iglesia, abierta tanto a judíos como a gentiles.
La tradición de la Iglesia, según el testimonio de escritores del siglo II y las páginas de título de sus manuscritos antiguos, atribuye este evangelio al apóstol Mateo, cuya llamada se recoge en Mt 9:9 y cuyo nombre se incluye en la lista de los Doce (10:2; Mc 3:18; Lc 6:15; Hch 1:13). En las versiones del relato de la llamada según Marcos y Lucas, el discípulo se llama Leví (Mc 2:14; Lc 9:27). Los expertos han debatido si, de hecho, este discípulo compuso el evangelio en su forma actual, o de si al menos se le atribuye su autoría según las tradiciones del evangelio. Es posible que parte del material que sólo se encuentra en este Evangelio dependa de tradiciones orales o escritas asociadas con él. Papías, maestro del siglo II, informa que Mateo compuso en hebreo una colección de “dichos del Señor”, que más tarde fue traducida al griego.
La mayor parte del Evangelio según Marcos se sitúa en paralelo con el evangelio de Mateo. La explicación más probable para este solapamiento es que el evangelista responsable del Evangelio de Mateo se basó en el texto de Marcos como marco de referencia para esta historia y muchos de sus detalles. El evangelista también se basó en una amplia reserva de otros materiales, principalmente dichos de Jesús que no se encuentran en Marcos. Este material se corresponde, a veces exactamente, con material que también se encuentra en el Evangelio según Lucas. Muchos expertos creen que los autores de Mateo y Lucas usan una fuente común para este material paralelo (a menudo llamada “Q” por la palabra alemana “Quelle”, que significa “fuente”), aunque algunos aducen que Mateo tuvo influencia sobre Lucas. Además de lo que el evangelista sacó de Marcos y de la tradición de los dichos de Jesús, este evangelio contiene historias y dichos que sólo se encuentran aquí.
Como Mateo probablemente representa una expansión posterior al Evangelio de Marcos, que fue escrito poco antes o poco después de 70 A. D. (ver introducción a Marcos), Mateo se compuso muy probablemente después de esa fecha, probablemente al menos una década más tarde.
Una sugerencia plausible para el lugar de la composición es Antioquía, la capital de la provincia romana de Siria. Esa importante gran ciudad tenía una población mezclada de gentiles greco-parlantes y judíos. La carta de Pablo a los gálatas (Gál 2:1-14) revela las tensiones existentes en Antioquía entre los que apoyaban una observancia estricta de la Ley de Moisés por parte de todos los cristianos, y aquellos que permitían unas normas más relajadas para los gentiles. La preocupación de Mateo por la validez de la Ley, junto con su apertura a los gentiles, podría reflejar los continuos debates que tenían lugar en Antioquía.
Mateo comienza con un relato del nacimiento de Jesús, incluyendo una genealogía que muestra su conexión con la historia de Israel (1:2-17), como heredero definitivo de la línea real de David. El evangelista también informa sobre la aparición de los primeros adoradores gentiles, los “magos” (2:1-12), que siguen una estrella hasta Belén. El evangelio añade a la narrativa de Marcos un fuerte énfasis en las enseñanzas de Jesús, presentadas principalmente en cinco bloques bien definidos, una estructura que recuerda al Pentateuco. El más famoso de éstos bloques es el Sermón de la Montaña (5:1—7:29), que se introduce con las Bienaventuranzas (5:1-11) y que contiene la versión más familiar del Padrenuestro (6:9-13). En otros discursos, Jesús envía a los discípulos (10:1—11:1), enseña sobre el reino de Dios a través de parábolas (13:1-52), advierte sobre la conducta en la iglesia (18:1-35), y advierte del juicio venidero (24:1—25:46).
El Evangelio de Mateo concluye con los relatos de las apariciones del Jesús resucitado, primero a las mujeres de Jerusalén (28:8-10) y luego a todos sus discípulos en Galilea, donde ofrece “el gran envío” (28:16-20). Mateo también añade una historia sobre los guardianes de la tumba de Jesús, que fueron “sobornados” para que propagaran el bulo de que el cuerpo de Jesús había sido robado por sus discípulos.
El evangelio enfatiza la continuidad de la enseñanza de Jesús con la del Antiguo Testamento (5:17-19) y apoya el desarrollo de esa enseñanza que hacen los escribas y fariseos, aunque critica su conducta (23:1-6). La continuidad con la revelación antigua también se hace evidente en la repetida insistencia en que la vida y la enseñanza de Jesús cumplen la profecía (2:17; 3:3; 4:14; 8:17; 12:17; 13:14, 35; 21:4; 26:31). El evangelio da una prominencia especial a la proclamación de una nueva realidad construida por Jesús: la Iglesia, construida sobre la “roca” que es Pedro, a quien se le han dado las “llaves del reino” y a quien se ha encomendado la autoridad de “atar y desatar” (16:13-20). La Iglesia acoge a todos los discípulos, sean judíos o gentiles, que son bautizados en el nombre del Dios trinitario y que siguen las enseñanzas de Jesús (28:16-20).
Las principales divisiones del Evangelio según Mateo son las siguientes:
- I. Narrativa de infancia (1:1—2:23)
- II. El comienzo del ministerio (3:1—4:25)
- III. El Sermón de la Montaña (5:1—7:29)
- IV. Continuación del ministerio en Galilea (8:1—9:38)
- V. El discurso misionero (10:1—11:1)
- VI. Desafíos a la enseñanza de Jesús (11:2—12:50)
- VII. Las parábolas del Reino (13:1-52)
- VIII. Se da a conocer el Reino (13:53—17:27)
- IX. El discurso sobre la Iglesia (18:1-35)
- X. El ministerio en Judea y Jerusalén (19:1—23:39)
- XI. El discurso escatológico (24:1—25:46)
- XII. La Pasión y Resurrección (26:1—28:20)
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