Capítulo 5
Llamada a Simón el pescador. (Mt 4:18-22; Mc 1:16-20; Jn 1:40-42) 1aEn una ocasión, Jesús* estaba a orillas del lago de Genesaret* y la gente se agolpaba en torno a él para escuchar la palabra de Dios. 2Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían bajado y estaban lavando las redes. 3Subió a una de ellas, que era la de Simón, le pidió que se apartara un poco de la orilla y, sentándose, enseñaba a la gente desde la barca.
4Cuando Jesús terminó de hablar, le ordenó a Simón: «Navega hacia el centro del lago, y tiren sus redes para pescar». 5Simón le respondió: «¡Señor, no pudimos sacar nada a pesar de que nos cansamos trabajando toda la noche! Pero tiraré las redes confiando en tu palabra». 6bAsí lo hicieron, y recogieron una cantidad tan grande de peces que sus redes comenzaban a romperse. 7Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que fueran a ayudarles. Éstos fueron, y llenaron las dos barcas hasta el punto de que casi se hundían.
8cCuando Simón Pedro vio esto, se postró a los pies de Jesús y le dijo: «¡Aléjate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador!». 9En efecto, por la pesca tan grande que habían realizado, el temor se apoderó de Pedro y de todos los que estaban con él, 10incluso de Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús le dijo a Simón: «¡No temas! A partir de ahora serás pescador de hombres». 11dEntonces ellos sacaron las barcas a la orilla, y dejándolo todo, lo siguieron.
Curación de un leproso. (Mt 8:1-4; Mc 1:40-45) 12eUna vez que Jesús estaba en una ciudad, un hombre cubierto de lepra lo vio, fue a postrarse con el rostro en tierra y le rogó: «¡Señor, si quieres puedes sanarme!». 13Jesús* extendió la mano, lo tocó y dijo: «Sí quiero: ¡queda sano!». De inmediato la lepra desapareció. 14fEntonces Jesús le ordenó: «No digas nada a nadie. Pero debes ir a presentarte al sacerdote y llevar la ofrenda que ordenó Moisés* por tu purificación, para que les conste que quedaste sano».
15gLa fama de Jesús se difundía cada vez más. Grandes multitudes venían para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades, 16pero él se alejaba para orar en lugares solitarios.
Curación de un paralítico. (Mt 9:1-8; Mc 2:1-12) 17hUn día, mientras Jesús enseñaba, estaban allí sentados algunos fariseos y escribas que habían venido de todas las poblaciones de Galilea, de Judea y de Jerusalén. La fuerza del Señor estaba en él para curar. 18Entonces, unas personas le trajeron en una camilla a un hombre paralítico y buscaban la manera de entrar para colocarlo delante de Jesús. 19Pero, como no pudieron por causa de la multitud, subieron a lo alto de la casa, y lo hicieron bajar en la camilla a través de las tejas, y lo colocaron en medio de la gente frente a Jesús. 20iJesús, al ver su fe, le dijo al paralítico: «¡Hombre, tus pecados quedan perdonados!».
21jLos escribas y los fariseos comenzaron a pensar: «¿Qué clase de hombre es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar los pecados? ¡Solamente Dios!». 22Jesús, que conocía qué pensaban, les dijo: «¿Por qué piensan así? 23¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados quedan perdonados”, o decir: “¡Levántate y camina!”? 24kPero para que ustedes vean que el Hijo del Hombre* tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados —Jesús le dijo al paralítico— a ti te ordeno: ¡Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa!». 25Él se levantó de inmediato delante de todos, tomó la camilla en la que había estado acostado y se fue a su casa glorificando a Dios. 26Todos quedaron asombrados y glorificaban a Dios, y llenos de temor decían: «¡Hoy hemos visto cosas maravillosas!».
Llamada de Leví. (Mt 9:9-13; Mc 2:13-17) 27lDespués de esto, Jesús salió y vio a un cobrador de impuestos llamado Leví, sentado en su despacho, y le dijo: «¡Sígueme!». 28Leví se levantó y, dejándolo todo, lo siguió.
29Leví le ofreció un gran banquete en su casa, y una numerosa multitud de cobradores de impuestos y de otros que los acompañaban estaban a la mesa con ellos. 30mPero los fariseos y los escribas criticaban a los discípulos de Jesús y les preguntaban: «¿Por qué se juntan a comer y beber con los cobradores de impuestos y pecadores?». 31nJesús les respondió: «Los que necesitan médico no son los sanos, sino los enfermos. 32Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que hagan penitencia».
Pregunta sobre el ayuno. (Mt 9:14-17; Mc 2:18-22) 33oLos fariseos y los escribas le respondieron: «Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen muchas oraciones. Lo mismo hacen los discípulos de los fariseos, en cambio, tus discípulos comen y beben». 34Jesús les dijo: «¿Acaso ustedes pretenden que los amigos del novio* ayunen mientras él está con ellos? 35pLlegará el día en que les quiten al novio. Ese día ayunarán».
36qTambién les propuso esta parábola: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo. Si hace así, romperá el vestido nuevo, y el remiendo no quedará bien en el vestido viejo. 37Y nadie echa vino nuevo en odres viejos. Si hace así, el vino nuevo reventará los odres viejos, el vino se derramará y los odres se echarán a perder. 38r¡El vino nuevo se echa en odres nuevos! 39Nadie que bebe vino viejo quiere después tomar vino nuevo, porque dice: “El vino viejo es mejor”»*.
* [5:1] lago de Genesaret: otro nombre para lo que los evangelios normalmente llaman “mar de Galilea” (ver nota en Jn 6:1).
d. 5:11: Jn 21:15-17, 19.
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