IV. LA ÚLTIMA SEMANA EN JERUSALÉN
Capítulo 11
Entrada de Jesús en Jerusalén. (Mt 21:1-9; Lc 19:28-38; Jn 12:12-14) 1aCuando se acercaban a Jerusalén por Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos, 2bdiciéndoles: «Vayan al poblado de enfrente y apenas entren encontrarán un burrito atado que nadie ha montado todavía: ¡Desátenlo y tráiganlo! 3Pero si alguien les pregunta por qué hacen esto, respóndanle que el Señor lo necesita y que en seguida lo devolverá». 4Ellos fueron y encontraron un burrito atado junto a una puerta, afuera en la calle, y lo desataron. 5Algunos de los que estaban allí les preguntaron: «¿Qué hacen? ¿Por qué desatan el burrito?». 6Los discípulos contestaron tal como les había dicho Jesús. Y los dejaron irse.
7Entonces, le llevaron el burrito, pusieron encima sus mantos y Jesús montó en él. 8Muchos extendían sus mantos en el camino y otros, las ramas que cortaban de los campos. 9cLos que iban adelante y los que seguían a Jesús, gritaban:
¡Hosanna!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
10d¡Bendito el reino que viene, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!».
11eJesús entró en Jerusalén y se dirigió al Templo*. Después de observarlo todo con atención, volvió con los Doce a Betania, a pesar de que ya se había hecho tarde.
La maldición de la higuera. (Mt 21:18-19) 12Al día siguiente, al salir de Betania, Jesús sintió hambre. 13fDe lejos vio una higuera cubierta de hojas y se acercó para ver si encontraba frutos. Al llegar, no encontró más que hojas, porque aún no era tiempo de higos. 14gEntonces le dijo: «¡Que nunca nadie más coma de tu fruto!». Sus discípulos lo estaban oyendo.
Acción profética en el Templo. (Mt 21:12-13; Lc 19:45-46; Jn 2:14-16) 15*Llegaron a Jerusalén. Cuando Jesús entró en el Templo comenzó a echar a los que allí vendían y compraban, derribó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas, 16y no permitía que nadie transportara objetos por el Templo. 17hLes enseñaba: «¿Acaso no afirman las Escrituras:
Mi casa será llamada casa de oración
para todos los pueblos?
¡Ustedes, en cambio, la han convertido en una cueva de ladrones!».
18iCuando los sumos sacerdotes y los maestros de la Ley se enteraron, buscaban la forma de matar a Jesús. Sin embargo, le tenían miedo, porque toda la gente admiraba su enseñanza.
19Al anochecer, Jesús y sus discípulos se fueron de la ciudad.
La higuera seca. (Mt 21:20-22) 20A la mañana siguiente, al pasar junto a la higuera, vieron que se había secado de raíz. 21Pedro se acordó y le dijo a Jesús: «¡Maestro, mira, la higuera que maldijiste se secó!». 22jJesús les respondió: «¡Tengan fe en Dios! 23kLes aseguro que si alguno le dice a esta montaña: “Quítate de ahí y arrójate al mar” y no duda en su corazón, sino que cree que va a obtener lo que dice, lo obtendrá. 24lPor eso les digo: Todo cuanto rueguen y pidan a Dios, crean que ya lo han conseguido y lo obtendrán. 25mY cuando se pongan de pie para orar, perdonen si tienen algo contra alguno, para que su Padre —que está en el cielo— les perdone a ustedes sus faltas». [26].*
Desafían la autoridad de Jesús. (Mt 21:23-27; Lc 20:1-8) 27nRegresaron otra vez a Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por el Templo*, se acercaron los sumos sacerdotes, los maestros de la Ley y los ancianos 28para preguntarle: «¿Con qué autoridad actúas así? ¿Quién te ha dado autoridad para hacer estas cosas?».
29oJesús les contestó: «Yo también les haré una pregunta y, si me responden, les diré con qué autoridad actúo así. 30El bautismo de Juan, ¿provenía de Dios o de los hombres? ¡Respóndanme!».
31Ellos comentaban entre sí: «Si decimos que provenía de Dios, nos preguntará: “¿Por qué entonces no creyeron en él?”. 32Pero, ¿cómo vamos a decir que provenía de los hombres?». Y como temían a la gente, porque todos tenían a Juan por un verdadero profeta, 33ple respondieron: «No sabemos». Entonces Jesús les contestó: «¡Tampoco yo les digo con qué autoridad actúo así!».
* [11:11] Templo (griego hieron): literalmente “el lugar sagrado”; todo el complejo del templo según lo renovó el rey Herodes el Grande, incluyendo no sólo el edificio del santuario, en el que se permitía la entrada a los sacerdotes, sino también los pórticos y atrios, donde tenían lugar la mayoría de las actividades.
l. 11:24: Jn 14:13-14; 15:7.
m. 11:25: Eclo 28:2-5; Mt 6:14-15.
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