Capítulo 7
Tradición de los antepasados. (Mt 15:1-20; Lc 11:37-41) 1Los fariseos y algunos maestros de la Ley llegados de Jerusalén se reunieron con Jesús 2ay observaron que algunos de sus discípulos comían los alimentos con las manos impuras, es decir, sin lavárselas.
3bEs que los fariseos, y los judíos en general, no comen sin antes lavarse cuidadosamente las manos*, aferrándose a la tradición de los antepasados,* 4ni comen lo que traen del mercado sin antes purificarlo. Y también se aferran por tradición a otras muchas costumbres como la purificación de vasos, jarros y ollas.
5Por esto, los fariseos y maestros de la Ley preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de los antepasados, y comen sin purificarse las manos?».
6Jesús les respondió: «Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, tal como afirman las Escrituras:
Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
7cEn vano me dan culto,
porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.
8Dejan de lado el mandamiento de Dios por aferrarse a la tradición de los hombres». 9Y les dijo también: «¡Qué bien anulan el mandamiento de Dios por mantener su propia tradición! 10dAunque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: quien maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte, 11eustedes —en cambio— afirman que si uno notifica a su padre o a su madre: “Declaro korbán,* es decir, ofrenda sagrada, aquello que pudieras reclamar de mí como ayuda”, 12uno queda liberado de socorrer a sus padres. 13De esta forma anulan la palabra de Dios con esa tradición que ustedes mismos se trasmiten unos a otros. Y como éstas, hacen otras muchas cosas por el estilo».
14Jesús convocó otra vez a la gente y les dijo: «¡Escúchenme todos y entiendan! 15fNo hay nada afuera del hombre que, al entrar en él, pueda hacerlo impuro; lo que lo hace impuro es lo que sale de él». [16].*
17Cuando Jesús dejó a la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de la parábola*. 18gÉl les respondió: «¿Ni siquiera ustedes entienden? ¿No comprenden que nada de afuera que entra en el hombre puede hacerlo impuro, 19porque no entra en su corazón, sino en su vientre y luego va a parar a la letrina?». De este modo Jesús declaraba puros todos los alimentos*. 20Luego añadió: «Lo que sale del ser humano es lo que lo hace impuro. 21hPorque del interior, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y blasfemias, envidia, blasfemia, arrogancia, insensatez. 23iTodas esas maldades salen del interior del hombre y lo hacen impuro».
La mujer de fe de origen sirofenicio. (Mt 15:21-28) 24jJesús partió de allí y se dirigió a la región de Tiro*. Luego, entró en una casa con la intención de que nadie lo supiera. Sin embargo, no logró pasar inadvertido, 25porque una mujer que tenía a su hijita poseída por un espíritu impuro, apenas se enteró de que estaba Jesús, fue a arrojarse a sus pies. 26La mujer, que no era judía, sino sirofenicia de nacimiento, le suplicaba que expulsara de su hija al demonio. 27Jesús le dijo: «Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien quitarle el pan a los hijos para tirárselo a los perritos». 28Ella le respondió: «¡Señor, también los perritos, debajo de la mesa, se comen las migajas que caen de los hijos!». 29Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte. Por lo que has dicho, el demonio ya salió de tu hija». 30Cuando la mujer llegó a su casa, encontró a la niña acostada en la cama, pues el demonio ya había salido de ella.
Curación de un sordomudo. 31Jesús dejó el territorio de Tiro, pasó por Sidón* y se dirigió de nuevo al lago de Galilea, atravesando la Decápolis. 32Le llevaron a un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que impusiera sobre él la mano. 33kJesús lo apartó de la multitud y, a solas con él, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34lLuego, mirando al cielo, suspiró y dijo: «¡Effatá!», que quiere decir: «¡Ábrete!». 35mAl momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de su lengua y comenzó a hablar sin ninguna dificultad. 36Jesús les ordenó que no lo dijeran a nadie, pero cuanto más él insistía, más lo divulgaban ellos. 37Y llenos de asombro comentaban: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
* [7:3] lavarse las manos: referido, no tanto a la higiene cuanto a la práctica de purificación ritual.
* [7:17] parábola: referido aquí al dicho proverbial de v. 15 (cfr. 4:10-11). Jesús aquí declara la mancha moral como la verdadera causa de impureza.
* [7:19] Jesús declaraba puros todos los alimentos: la primitiva iglesia codificó esencialmente este principio en el Consejo de Jerusalén (Hch 15; cfr. Hch 10:1—11:18).
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