Evangelio Según Marcos
Éste, el más corto de todos los evangelios del Nuevo Testamento, probablemente fue escrito el primero, pero a menudo habla del ministerio de Jesús con más detalle que Mateo o Lucas (por ejemplo, los relatos de milagros en Mc 5:1-20 o Mc 9:14-19). Marcos relata lo que hizo Jesús con un estilo vívido, en el que los incidentes se van sucediendo unos a otros rápidamente. En esta vertiginosa narrativa, Marcos acentúa el mensaje de Jesús sobre el Reino de Dios que ahora irrumpe en la vida humana como buena noticia (Mc 1:14-15) y sobre Jesús mismo como el centro de esa buena noticia (Mc 1:1; 8:35; 10:29).
Como sugiere el titular del antiguo manuscrito “Según Marcos”, este evangelio ha sido asignado tradicionalmente a Juan Marcos, cuya madre abría su casa en Jerusalén a la asamblea de los seguidores de Jesús (Hch 12:12). Este Marcos era primo de Bernabé (Col 4:18) y acompañó a Bernabé y a Pablo en un viaje misionero (Hch 12:25; 13;3; 15:36-39). Aparece en las cartas paulinas (2 Tm 4:11; Flm 24), y con Pedro (1 Pe 5:13). Un maestro cristiano llamado Papías (ca. 135 A. D.) describía a Marcos como el “intérprete” de Pedro, una opinión que también se encuentra en otros escritores cristianos primitivos. La predicación de Pedro, sin embargo, no fue la única influencia sobre este evangelio. El evangelista podría haber usado otras fuentes orales y escritas —relatos de milagros, parábolas, dichos, historias de controversias, y la pasión— para presentar al Mesías crucificado en tiempos de Marcos. El que la autoría, de hecho, sea de Juan Marcos o de otro discípulo desconocido, sigue siendo tema de debate para los expertos.
Aunque algunas de sus fuentes podrían haber sido anteriores, el evangelio probablemente se completó poco antes de 70 A. D., durante un tiempo de persecución inminente y cuando la destrucción se cernía sobre Jerusalén. El evangelio tiene como objetivo capacitar a los cristianos para que puedan mantenerse fieles frente a la persecución (Mc 13:9-13) mientras continúan la proclamación de la buena noticia comenzada en Galilea (Mc 13:10; 14:9).
La tradición que asocia a Marcos con Pedro sitúa la composición de este evangelio en Roma. Tanto si fue allí, o en otra parte del imperio romano, la comunidad a la que se dirigía este evangelio era predominantemente gentil, y por eso las costumbres judías tienen que ser explicadas (Mc 7:3-4, 11).
El versículo inicial sobre el Evangelio (Mc 1:1) sirve como título para todo el libro. Los versículos programáticos en Mc 1:14-15 resumen lo que Jesús proclama como evangelio: la plenitud de los tiempos, la cercanía del Reino, y por tanto la necesidad de arrepentirse y creer.
El marco de referencia del Evangelio de Marcos es parcialmente geográfico: desde Galilea (Mc 1:14—9:49), a través del área “al otro lado del Jordán” (Mc 10:1) y a través de Jericó (Mc 10:46-52), hasta Jerusalén (Mc 11:1—16:8). Rara vez pasa Jesús a territorio gentil (Mc 5:1-20; 7:24-37), pero quienes le reconocen ahí y el centurión que confiesa a Jesús en la cruz (Mc 15:39) presagian la expansión del Evangelio por todo el mundo. Otro importante elemento de la estructura son los tres momentos en que Jesús anuncia su pasión y resurrección (Mc 8:31; 9:31; 10:33-34), que orientan la narrativa de las acciones y enseñanzas de Jesús hacia los eventos culminantes de su vida. Cada uno de esos dichos lleva a malos entendidos por parte de los discípulos, a los que Jesús luego instruye más sobre lo que significa seguirle.
En los manuscritos más antiguos, el Evangelio de Marcos termina abruptamente junto a la tumba de Jesús, que las mujeres encuentran vacía (Mc 16:1-8). Un “joven” dentro de la tumba repite la predicción de Jesús hecha de camino a Getsemaní (Mc 14:28) de que iría delante de los discípulos a Galilea. Esa área, donde primero actuó Jesús (Mc 1:14-15) podría entenderse como el lugar de las apariciones después de la resurrección, o quizá el centro de su segunda venida. Aunque este evangelio originalmente terminaba con una nota de misteriosa promesa, algunos escribas posteriores resolvieron la ambigüedad añadiendo relatos de las apariciones de Jesús después de la resurrección (ver nota en Mc 16:9-20).
El Evangelio de Marcos contiene bien definidas afirmaciones cristológicas. Jesús es el Hijo de Dios (Mc 1:11; 9:7; 15:39; cfr. Mc 1:1; 14:61). Él es el Mesías, el rey ungido de descendencia davídica (Mc 12:35; 15:32), para quien el nombre griego Christos, para el momento en que escribe Marcos, se había convertido de hecho en un nombre propio (Mc 1:1; 9:41). Aunque se burlaron de él en la cruz por sus afirmaciones mesiánicas (Mc 15:32), Jesús mismo, en diálogo con los escribas (Mc 12:35-37) sugiere que el título por sí solo, como lo entendían sus contemporáneos, como rey descendiente de David, no describe adecuadamente quién es él. Jesús también es el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre. Este último término podría usarse como sustituto de “Yo” o de la humanidad en general (cfr. Mc 2:19, 27-28; 14:21), pero en Marcos hace eco a Dn 7:13-14 y se refiere a una figura gloriosa que ha de venir (Mc 13:26; 14:62). Lo que es más importante, el título está íntimamente conectado al camino de sufrimiento y validación de Jesús (Mc 8:31; 9:31; 10:33) y la manera en que Jesús vino a servir y a entregar su vida en rescate de muchos (Mc 10:45), ofreciendo un modelo a sus discípulos, es como Hijo del Hombre.
Las divisiones principales del Evangelio según Marcos son las siguientes:
- I. Preparación para el ministerio público de Jesús (1:1-13)
- II. El ministerio en Galilea (1:14—8:26)
- III. El camino del discipulado (8:27—10:52)
- IV. La última semana en Jerusalén (11:1—13:37)
- V. Pasión y resurrección (14:1—16:8)
- VI. Final extenso (16:9-20)
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