Apocalipsis

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Apocalipsis

Normalmente llamado Revelación o Apocalipsis o Revelación a Juan, este es el último libro de la Biblia, aunque sería más apropiado y completo llamarlo “La Revelación de Jesucristo… a su siervo Juan” (1:1). No se debería llamar Revelaciones (en plural) porque, aunque contiene muchas visiones e imágenes diferentes, éstas comprenden un único mensaje: la “revelación” del control de Dios sobre la historia y el destino último del bien y del mal.

Este libro es uno de los libros más difíciles de entender de toda la Biblia, porque abunda en simbolismos poco familiares y algo extravagantes que, cuanto menos, parecen raros para el lector moderno. Se autodeclara obra de “profecía” (cfr. 1:3; 22:7-19) que se enfoca en la victoria que ha conseguido Dios a través de Cristo sobre las fuerzas del mal. Aunque a veces se malinterpreta como una mera predicción del futuro, es de hecho, un ejemplo ejemplo singular de la literatura apocalíptica —en la cual la soberanía de Dios sobre la historia humana se revela a través de visiones simbólicas y mediadores angélicos— algo que gozó de amplia popularidad en círculos judíos y cristianos entre 200 a. C. y 200 A. D.

El autor se llama a sí mismo Juan (1:1, 4, 9; 22:8) y dice que está escribiendo desde Patmos, una isla en el Mar Egeo, cerca de la costa del Asia Menor. Sin embargo, como Juan era un nombre muy común entre los cristianos del siglo I, los líderes eclesiales tempranos, así como los expertos modernos han debatido ampliamente sobre si el autor era el apóstol Juan u otro líder de los primeros cristianos llamado también Juan. De hecho, el autor de Apocalipsis nunca dice ser Juan el Apóstol, el hermano de Santiago e hijo del Zebedeo. Es más, a pesar de las diversas similitudes en simbolismo, imágenes y títulos para Jesús, las muchas diferencias en vocabulario, gramática, estilo y teología hacen a muchos dudar de que este libro hubiera sido escrito por la misma persona responsable del Cuarto Evangelio. Algunos escritores primitivos cristianos informan sobre las tumbas de dos distintos Juanes en Éfeso. Así pues, aunque algunos expertos hoy día todavía mantienen la atribución tradicional de la autoría de este libro al apóstol, la mayoría está de acuerdo en que el autor del Libro del Apocalipsis fue un Juan distinto.

Este libro se escribió originalmente para cristianos que vivían en Asia Menor (ver las cartas dirigidas a las “siete iglesias de Asia”; 2:1—3:22), La primera de estas iglesias, Éfeso, era la capital de Asia Menor y un importante centro de cristianismo tanto paulino como joánico en el primer siglo. El libro en su forma presente probablemente se concluyera hacia finales del reinado del emperador Domiciano (81-96 A. D.), fiero perseguidor de los primeros cristianos. Sin embargo, algunas partes del libro podrían haberse originado décadas antes.

El griego de Apocalipsis es a menudo extraño y poco común, hasta el punto de ser gramaticalmente incorrecto. El lenguaje es a menudo ambiguo y difícil de traducir, sugiriendo que el autor podría haber sido, no un grecoparlante nativo, sino alguien que de vez en cuando traducía giros hebreos de manera demasiado literal.

Las visiones registradas en este libro usan un lenguaje simbólico y alegórico tomado en su mayor parte del Antiguo Testamento, especialmente Ezequiel, Zacarías y Daniel. Tanto si estas visiones fueron experiencias reales del autor o simplemente convenciones literarias empleadas por él es una cuestión abierta. Como otras obras apocalípticas, este libro a menudo usa colores, metales, vestiduras y números simbólicos. Por ejemplo, cuatro significa el mundo, seis la imperfección, siete la totalidad o perfección, doce las tribus de Israel o los apóstoles, mil, la inmensidad. El número siete es particularmente predominante en este libro, con siete iglesias, siete ángeles, siete trompetas, siete cuencos, etc., Los diversos ciclos de siete en este libro no deben leerse en secuencia, uno detrás de otro, sino que más bien son repetitivos y van entrelazados. A veces, un nuevo ciclo de siete comienza incluso antes de que el anterior ciclo esté completo, implicando una comprensión del tiempo circular en lugar de lineal. Así que, aunque hay un orden sistemático en el libro, tal orden no es cronológico.

Es más, los relatos visionarios no se deben interpretar realística, o demasiado literalmente. En lugar de reflejar a Jesucristo de hecho como un cordero con siete cuernos y siete ojos (5:6), esta imagen representa universalmente sus (siete) poderes (cuernos) y conocimiento (ojos). De manera similar, el lenguaje duro y a veces con tono vengativo (cfr. 6:9-10; 18:1—19:4) y sus descripciones de las realidades celestiales (ej. Ap 21-22) se deben entender simbólicamente y no como descripciones literales o predicciones de acontecimientos históricos futuros.

El Libro del Apocalipsis sólo se puede entender adecuadamente dentro de su propio marco histórico. Como Daniel y otros apocalipsis antiguos, originalmente se compuso como literatura de resistencia frente a una crisis histórica concreta, es decir, la dura persecución de la iglesia primitiva a manos de las autoridades imperiales romanas. Babilonia, la gran prostituta, simboliza la Roma pagana, la ciudad sobre siete colinas (17:9), y las pérfidas bestias simbolizan a los diversos emperadores (13:1-18). Así pues, Apocalipsis es principalmente una exhortación a los cristianos del siglo I a mantenerse firmes en la fe y a evitar las concesiones al paganismo, a pesar de la amenaza de persecución y martirio (cfr. 13:10; 14:12). Deben esperar pacientemente el cumplimiento de las poderosas promesas de Dios. El triunfo de Dios en un mundo lleno de mal sigue siendo un misterio, pero ya está asegurado por la muerte y resurrección de Jesucristo y sigue desarrollándose en la historia de quienes se mantienen fieles a Cristo, que venció a la muerte. La salvación y victoria definitiva tendrán lugar, no sólo al final de la era presente, cuando Cristo venga en la gloria, ya que la lucha definitiva de Cristo y sus seguidores contra Satanás y los suyos ya ha terminado. Cristo ya ha derrotado al reino de Satanás y dado paso al reino eterno de Dios (11:15; 12:10).

Así pues, aunque el Libro del Apocalipsis se originó en las crisis del siglo I, sigue siendo válido y significativo para los pueblos de todos los tiempos. El mensaje duradero del libro es la advertencia de inminente destrucción de quienes se ponen del lado del mal y se oponen a Dios, pero también de consolación y premio para quienes esperan en Dios y se mantienen fieles a Jesús, el Vencedor.


Las divisiones principales del libro del Apocalipsis son las siguientes:

  1. I. Prólogo y saludo (1:1-8)
  2. II. Primera visión (1:9-20)
  3. III. Cartas a las siete iglesias de Asia (2:1—3:22)
  4. IV. Dios y el Cordero en el cielo (4:1—5:14)
  5. V. Los siete sellos (6:1—7:17)
  6. VI. Siete ángeles y siete trompetas (8:1—11:19)
  7. VII. Diversas visiones sin numeración (12:1—14:20)
  8. VIII. Siete plagas finales (15:1—16:21)
  9. IX. Castigo de Babilonia (17:1—19:10)
  10. X. Destrucción de las naciones paganas (19:11—20:15)
  11. XI. Nueva creación (21:1—22:5)
  12. XII. Epílogo (22:6-21)

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