Juan

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Evangelio Según Juan

El cuarto evangelio es muy distinto a los tres evangelios sinópticos en su naturaleza, contenidos y cronología, pero no es por eso menos exacto o confiable. Su sublime teología, que subraya la comunión íntima de Jesús con el Padre y su unión con sus discípulos, está muy influenciada por la cristología en desarrollo de la primera Iglesia. Aunque a menudo a éste se le llama “evangelio espiritual”, todos y cada uno de los cuatro evangelios son históricos y teológicos. Aunque la teología de este evangelio esté más desarrollada, aun así se apoya en fundamentos históricos clave y conserva detalles creíbles sobre la vida y el ministerio de Jesús.

La tradición cristiana sugiere que el autor de este evangelio sería el apóstol Juan, hermano de Santiago e hijo del Zebedeo, pescadores del norte de Galilea. Y, sin embargo, un cuidadoso análisis sugiere que no se escribió todo al mismo tiempo, sino que se expandió a lo largo del tiempo, con contribuciones de diversos autores y editores. El Epílogo (Jn 21) podría haber sido añadido después de que se completara el resto del evangelio, ya que viene después de una primera conclusión (20:30-31), y se refiere al autor principal en tercera persona: “Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las escribió y sabemos que su testimonio es verdadero” (21:24). El Prólogo (1:1-18) podría haber sido un himno independiente, adaptado para servir como prefacio al evangelio. Los discursos de la Última Cena (Jn 14-17) tienen dos finales (14:31; 18:1) que sugieren que Jn 15-17 fueron añadidos más tarde. La historia de la mujer adúltera (8:1-10) no está en los manuscritos más tempranos. Estos y otros ejemplos hacen probable que un texto original más corto fuera revisado y expandido a lo largo del tiempo hasta llegar a componer el evangelio presente.

La fuente principal del evangelio (“este discípulo” de 21:24) es el “discípulo a quien Jesús amaba” (13:23; 19:26; 20:2; 21:7), a menudo más brevemente llamado “el Discípulo amado”. Como nunca se le nombra en el texto, los expertos debaten si era de verdad el apóstol Juan o si sería algún otro de los primeros discípulos. La mayoría de los relatos de este evangelio tiene lugar en el sur de Israel (Jerusalén y Judea), mientras que los sinópticos se enfocan en el norte de Israel (Galilea y las regiones vecinas). Juan también contiene detalles exactos sobre la geografía y los edificios de Jerusalén. Aunque es posible que el apóstol galileo Juan podría haber estado familiarizado con Jerusalén, el cuarto evangelista podría haber sido un discípulo de Jerusalén que fue testigo de más de lo que hizo Jesús allí.

El cuándo y dónde de las distintas etapas de la composición de este evangelio es incierto. Las tradiciones orales tempranas, incluyendo el testimonio del testigo ocular mencionado en el evangelio (cfr. 19:35 y 21:24) probablemente se originaran en Jerusalén en los años 30. Los cristianos seguidores de Juan que vivían en Palestina o en otros lugares mantuvieron estas tradiciones orales y probablemente empezaron a escribirlas entre los años 40 y 50. Las primeras ediciones de un evangelio escrito atribuido al Discípulo Amado podrían haber sido compuestas en Palestina o Siria. Finalmente, la principal edición del evangelio de Juan, ordenada en su forma actual, probablemente se completó en los 90, y probablemente en Éfeso, en Asia Menor.

Aparte de las narrativas de la Pasión y Resurrección, la mayor parte del contenido de Juan no se encuentra en los sinópticos, y la mayoría del material de los sinópticos no está en Juan. El autor podría tratar de complementar lo que se encuentra en los sinópticos, asumiendo que los lectores están familiarizados con las tradiciones que se describen ahí (ej. ver 3:24 sobre el encarcelamiento de Juan Bautista). La única historia paralela en los cuatro evangelios es la multiplicación de los panes (6:1-15), mientras que algunos incidentes como la acción profética de Jesús en el templo (2:13-22) y la entrada de Jesús en Jerusalén (12:12-16) se presentan en escenarios significativamente distintos. Lo que es más importante, el ministerio público de Jesús en el evangelio de Juan dura siete años (ver nota en 2:13); viaja a Jerusalén al menos tres veces para diversos festivales (2:14-25; 5; 7-8) y es condenado a muerte el día antes de la Pascua (18:28). La especificidad y la exactitud de tales detalles constituyen un fuerte argumento para afirmar que la tradición fundamental joánica se apoya en testigos oculares.

El Evangelio de Juan comienza con un prólogo magnífico que introduce muchos de los temas y motivos más importantes que más tarde se desarrollan en el texto. Respecto al ministerio público de Jesús, el evangelio narra solamente algunos de sus actos prodigiosos, (que Juan llama “obras” o “signos” en lugar de “milagros”), que están cuidadosamente desarrollados en largas escenas dramáticas con diálogos explicativos. Aunque muchos expertos cuentan siete signos, sólo los dos primeros están numerados, y puede haber más de siete, sin contar los “muchos otros signos que hizo Jesús” (20:30). La Última Cena comprende cinco capítulos en Juan: Jesús lava los pies de sus discípulos, entra en largos discursos y ora al Padre (13-17). Luego viene el arresto, los juicios, la crucifixión y la muerte de Jesús (18-19), que normalmente se llama la “Pasión”. En el relato de Juan, sin embargo, Jesús se mantiene como sujeto activo y cumple libremente la obra que el Padre le había encomendado, es decir, su “glorificación”.

Este evangelio tiene otros rasgos distintivos. Su vocabulario griego es llano y sencillo y, sin embargo, también altamente simbólico, profundamente teológico, y a veces poético. Su perspectiva fundacional es dualística, contrastando fuertemente luz y tinieblas, vida y muerte, arriba y abajo, amor y odio, etc., Algunas palabras tienen diversos significados, a veces mal entendidos a nivel físico o histórico por los personajes en el evangelio, pero explicados por el evangelista a nivel espiritual o teológico, como por ejemplo cuando Nicodemo malinterpreta “nacer de nuevo” (3:3) o cuando la mujer samaritana no entiende el “agua viva” (4:10). Los distintos significados también conducen a ciertas ironías, como cuando los fariseos aseguran ver, pero en realidad están ciegos (9:40-41). Repeticiones, prefiguraciones y otros hilos literarios ayudan a unificar el evangelio y subrayan sus puntos principales, tales como varias menciones a “la hora” (La muerte y glorificación de Jesús). Jesús interactúa no solo con grupos, sino a menudo con individuos representativos (Pedro y Judas, Nicodemo, Caifás). El evangelio también enfatiza el papel de las mujeres en el ministerio, especialmente su madre, una mujer samaritana, Marta y María de Betania, y María Magdalena.

El objetivo del cuarto evangelio es doble. Retrata a Jesús como Hijo de Dios, la Palabra divina hecha carne, el “Yo soy” que revela al Padre en todas sus palabras y acciones. Pero también presenta a los lectores una opción crucial: aceptar o rechazar estas aseveraciones sobre Jesús. Aquellos que creen entran en una relación vivificante con Dios por Jesús, mientras que quienes rechazan a Jesús se enfrentan a la condenación eterna. El segundo propósito podría haber variado ligeramente a lo largo del tiempo. Por medio de la predicación y la escritura, la comunidad joánica invitaba a todos a aceptar a Jesús como Mesías e Hijo de Dios. El evangelio de Juan anima a los judíos, samaritanos y gentiles que ya creen en Jesús a que permanezcan y “moren” en él, pero también muestra hostilidad para con los fariseos y otros líderes judíos que rechazaron a Jesús (ver notas en 1:19; 8:38). Aunque el evangelio insiste en que la “salvación viene de los judíos” (4:22) y que muchos judíos creyeron en Jesús (2:23; 7:31; 8:30-31; 10:42; 11:45; 12:11), los más fuertes opositores de Jesús en el evangelio a menudo son caracterizados como “los judíos” (5:16, 18; 7:1; 9:22; 10:31; 19:7, 12). Estas referencias negativas a “los judíos” podrían reflejar la situación a finales del siglo primero en que las tensiones entre los seguidores de Jesús y diversas facciones judías se habían agudizado, y no se deberían emplear para promover un sentimiento antijudío en la actualidad.

Se exhorta a los creyentes a permanecer en Jesús, amarse los unos a los otros, y permanecer en la comunidad cristiana para asegurarse de poder alcanzar la vida eterna (3:15-16), como hijos de Dios (1:12). Esta meta se expresa muy claramente en el primer final: “Ahora Jesús también hizo otros muchos signos en presencia de sus discípulos que no están escritos en este libro. Pero los que están escritos es para que ustedes crean que Jesús es el Cristo el Hijo de Dios, y que por la fe tengan vida en su nombre” (20:30-31).


Las divisiones principales del Evangelio según Juan son:

  1. I. Prólogo (Jn 1:1-18)
  2. II. El libro de los signos (1:19—12:50)
  3. III. El libro de la gloria (13:1—20:31)
  4. IV. Epílogo (21:1-25)

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