Filipenses

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Carta a los Filipenses

La carta de Pablo a los filipenses es notable por su énfasis en el gozo y por el afecto especial que Pablo, evidentemente, tenía hacia esta comunidad. Filipos, en el nordeste de Grecia, era una ciudad de cierta importancia en la provincia romana de Macedonia. Situada en la Via Egnatia, el largo camino entre la costa adriática y Bizancio, y en medio de ricas tierras de cultivo cerca de las minas de oro del Monte Pangeo, Filipos era una ciudad romana con una numerosa población greco-macedonia y un pequeño grupo de judíos. Originalmente fundada en el siglo IV a. C., la ciudad fue tomada por Felipe II de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, quien le puso su propio nombre (La ciudad de Felipe). El área se convirtió en romana en el siglo II a. C.

Pablo, Silas y Timoteo establecieron en Filipos la primera comunidad cristiana del continente europeo. Llegaron a Filipos probablemente en 49 o 50 A. D. El relato de Hechos ofrece una narrativa extensa de su visita (Hch 16:9-40). Pablo, a quien los magistrados pidieron que abandonara Filipos, concluye describiendo cómo partió hacia Tesalónica, donde varias veces su leal congregación filipense continuó apoyándolo económicamente (4:16). Más tarde, Pablo podría haber pasado por Filipos en su camino de Éfeso a Grecia (Hch 20:1-2) y definitivamente se detuvo allí en su viaje final a Jerusalén (Hch 20:6).

La carta de Pablo a los cristianos de Filipos se escribió mientras él estaba en prisión en algún lugar (1:7, 13, 14, 17), pero el lugar y la fecha son inciertos. Tradicionalmente se piensa que se escribió durante el confinamiento de Pablo en Roma, A. D. 61-63. Algunos expertos modernos sugieren el período en que estuvo encarcelado en Cesarea del Mar (Hch 23:33—27:2), en 58-60 A. D.; o posiblemente Corinto (cfr. 2 Cor 11:9) o Éfeso (cfr. Hch 19:23-40; 2 Cor 1:8). La referencia a la “guardia imperial” (1:13; 4:22) se puede entender como el pretorio o casa gubernamental en Éfeso (o Cesarea), o el campo pretoriano en Roma.

En Filipenses, Pablo revela su sensibilidad humana y su ternura, su entusiasmo por Cristo como clave de vida y muerte (1:21), y su profundo sentimiento hacia los que están en Cristo y viven en Filipos. Después de un breve saludo, Pablo da gracias por los filipenses y ora por ellos. Gran parte de la carta se dedica luego a la instrucción sobre la unidad y la humildad dentro de la comunidad cristiana en Filipos (1:27—2:18) y a exhortaciones al crecimiento, la alegría y la paz en su convivencia (4:1-9). Sobre todo, Pablo presenta al Cristo humilde como su modelo definitivo (2:5-11). Esta carta parece estar llegando a su fin en el capítulo 2, cuando Pablo informa sobre los planes de su ayudante Timoteo y de Epafrodito (a quien los filipenses habían enviado para ayudar a Pablo) de acudir a Filipos (2:19—3:1). Sin embargo, repentinamente, en 3:2 Pablo advierte seriamente contra los falsos maestros que tratan de imponer la Ley de Moisés a los filipenses, incluyendo la circuncisión. La sección a continuación es un ataque vigoroso a esos maestros, que nos da luces sobre la propia historia de Pablo (3:4-6) y sobre la vida cristiana. Este cambio de tono repentino ha motivado a ciertos expertos a proponer que la carta, según la tenemos, es una elaboración desde fragmentos de diversas cartas escritas por Pablo a los filipenses. Sin embargo, otros expertos afirman que la carta representa un todo coherente.


Las divisiones de la Carta a los filipenses son las siguientes:

  • Saludo (1:1-11)
  • Acción de gracias (1:3-11)
  • La prisión de Pablo por la causa del Evangelio (1:12-26)
  • Firmeza en la fe (1:27-30)
  • Participación en la humildad de Cristo (2:1-11)
  • Exhortación a la obediencia (2:12-18)
  • Planes de viaje de Timoteo y Epafrodito (2:19—3:1)
  • Pablo y los promotores de la circuncisión (3:2-11)
  • El progreso en Cristo (3:12-21)
  • Exhortación a la paz y la alegría (4:1-9)
  • Gratitud de Pablo por los dones de los filipenses (4:10-20)
  • Saludo final y conclusión (4:21-22)

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