Primera Carta de Juan
La primera carta de Juan es el único escrito bíblico que se incluye íntegramente en el Leccionario de la Misa. La tradición cristiana primitiva identificaba esta obra como una de las tres “Epístolas joánicas” en el Nuevo Testamento. En su forma literaria, a la primera de Juan le faltan muchos de los rasgos típicos de las cartas antiguas, como por ejemplo los saludos iniciales y finales de la segunda y tercera de Juan. Sin embargo, sí que tiene algunos otros rasgos de cartas: por ejemplo, el autor se dirige directamente a la audiencia y a menudo se refiere a la acción de escribir. La primera de Juan es más bien un tratado teológico, con un prólogo literario y un desarrollo sostenido de enseñanza doctrinal. Tuvo una gran influencia en el desarrollo de la cristología primitiva.
Tradicionalmente se piensa que el autor de la primera de Juan es el apóstol Juan, el hermano de Santiago e hijo del Zebedeo, de Galilea —que también se identifica tradicionalmente como el evangelista que escribió el cuarto evangelio. Sin embargo, debido a que el autor no se identifica a sí mismo dentro del texto de la Primera de Juan, algunos expertos sugieren que podría haber sido escrita por otro miembro de la comunidad joánica. Debido a sus parecidos con el cuarto evangelio en estilo, vocabulario e ideas, sin embargo, se cree generalmente que las cuatro obras —el evangelio y las tres epístolas, son producto de la misma escuela o “corriente” del cristianismo joánico.
La terminología y la presencia (o ausencia), de ciertas ideas teológicas de la primera de Juan parecen indicar para algunos expertos que se escribió antes del cuarto evangelio, como tratado sobre algunas ideas que luego se desarrollaron más plenamente en el evangelio. Para muchos otros, sin embargo, la evidencia sugiere que la primera de Juan se escribió después del cuarto evangelio, como parte del debate sobre la interpretación adecuada de ese evangelio. En ambos casos, la primera de Juan probablemente se compuso cerca del fin del siglo I. No se conoce para qué audiencia se escribió. Algunos opinan que este tratado se envió junto con dos cartas más cortas a la misma comunidad joánica a la que se dirige directamente la segunda de Juan. Estas comunidades podrían haber estado localizadas cerca de Éfeso, la capital de la provincia romana de Asia (la región sudoccidental de la actual Turquía).
La estructura y lenguaje de este tratado son directos, pero repetitivos. Para ilustrar las responsabilidades de la vida cristiana, el autor establece llamativos contrastes entre la luz y las tinieblas, el amor y el odio, la verdad y las mentiras, y los cristianos y el mundo. El enfoque no está tanto en los argumentos teológicos, cuanto en las convicciones apasionadas cristianas expresadas en verdades sencillas, tales como el mandamiento repetido de “amarse unos a otros” (3:11—4:12; cfr. Jn 13:34-35).
El objeto principal de la carta es combatir ciertas ideas falsas, sobre Jesús particularmente, y profundizar la consciencia espiritual y social de la comunidad cristiana (3:17). Algunos antiguos miembros de la comunidad (2:19) se negaban a reconocer a Jesús como el Cristo (2:22) y estos mismos, u otros, también negaban que fuera verdadero hombre (4:2). Estos errores teológicos son rechazados mediante la apelación a la realidad y continuidad del testimonio apostólico de Jesús como humano y divino. El autor afirma que el amor cristiano auténtico, la ética y la fe, son inseparables de la vida y muerte históricas de Jesucristo. El conocimiento de Dios y el amor mutuo son inseparables, como lo son las dos verdades fundamentales de la carta: “Dios es luz” (1:5) y “Dios es amor” (4:8).
Algunos expertos sugieren la división del tratado en tres secciones principales, pero otros proponen una división en dos partes, enmarcadas por un Prólogo y un Epílogo:
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