Lecturas de Hoy

Memoria de San Juan Bosco, presbítero

Lectionary: 523

 

Común de pastores o de santos [por los educadores]

 

 

Primera Lectura

Filipenses 4, 4-9

Hermanos: Alégrense siempre en el Señor; se lo repito: ¡alégrense! Que la benevolencia de ustedes sea conocida por todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud. Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

Por lo demás, hermanos, aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio. Pongan por obra cuanto han aprendido y recibido de mí, todo lo que yo he dicho y me han visto hacer; y el Dios de la paz estará con ustedes.

Salmo Responsorial

Del Salmo 102

R. (1a) Bendice al Señor, alma mía.
Bendice al Señor, alma mía,
y todo lo que soy, su santo nombre.
Bendice al Señor, alma mía,
y no eches al olvido sus favores. 
R. Bendice al Señor, alma mía.
Pues el Señor perdona tus pecados
y tus dolencias cura;
él rescata tu vida del sepulcro
y te colma de amor y de ternura. 
R. Bendice al Señor, alma mía.
El Señor es clemente y bondadoso,
lento al enojo. Pronto a la indulgencia; 
no está siempre acusando
ni su rencor por siglos alimenta. 
R. Bendice al Señor, alma mía.
Como un padre amoroso con su hijo
así es tierno el Señor con quien lo quiere;
pues sabe bien de lo que estamos hechos
y no olvida que somos barro débil. 
R. Bendice al Señor, alma mía.
El amor del Señor 
por siempre permanece,
y su justicia llega hasta los hijos
y a la generación siguiente 
de los hombres que cumplen con su alianza 
y sus leyes recitan y obedecen. 
R. Bendice al Señor, alma mía.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 23, 11. 12

R. Aleluya, aleluya.
Que el mayor entre ustedes sea su servidor,
porque el que se humilla será enaltecido,
dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio

Mateo 18, 1-5

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí”.

Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente.