Tercera Carta de Juan
Éste es el más corto de los veintisiete libros del Nuevo Testamento y es, de hecho, una brevísima carta que contiene solo 219 palabras en el texto original griego. A pesar de su brevedad, la tercera de Juan nos ofrece algunas luces fascinantes e importantes sobre argumentos teológicos y conflictos sociales que afectaban a los primeros cristianos.
La tradición cristiana ha mantenido normalmente que la tercera de Juan fue escrita por el mismo autor (“el Presbítero”) y alrededor del mismo tiempo que la primera y la segunda de Juan, hacia finales del siglo I. Podrían incluso haber sido enviadas como un paquete de tres obras al mismo tiempo y a la misma comunidad. En contraste con las otras dos cartas, sin embargo, la tercera de Juan está dirigida a un individuo concreto, Gayo, que probablemente fuera un líder en una iglesia local conocida para Juan, y posiblemente fundada por el Presbítero. Como las cartas dan pocas pistas sobre dónde vivían el autor o autores y los receptores, algunos expertos sugieren que estas tres obras podrían haber sido enviadas en distintos momentos a distintas comunidades. Y, sin embargo, el parecido en vocabulario y estilo apoya la conclusión de que las tres estaban cercanamente relacionadas, surgiendo de la misma corriente de “cristianismo joánico” que se centraba en la provincia romana de Asia (la región sudoeste de la actual Turquía).
El contenido y fin de la tercera de Juan son algo menos teológicos y algo más prácticos que los de las otras dos obras. La meta del Presbítero es asegurar la hospitalidad y el apoyo material para algunos misioneros, especialmente el llamado Demetrio, a quien está enviando a una iglesia afiliada. Alaba a uno de los líderes locales, Gayo, por su hospitalidad en el pasado, y anima a ayudar en el futuro; pero también critica la falta de hospitalidad mostrada por otro líder local, Diótrefes, que evidentemente se niega a reconocer la autoridad del Presbítero y a recibir a los misioneros enviados por él.
Esta carta proporciona una evidencia valiosa de algunas de las tensiones existentes dentro del cristianismo primitivo, con desacuerdo y competitividad entre los diversos misioneros y los líderes locales, tanto si se basaba en diferencias personales, disputas teológicas u otros factores. También evidencia el deseo de que los receptores se mantengan unidos en las enseñanzas que han recibido de y sobre Jesús, aunque haya desacuerdos sobre la comprensión e interpretaciones correctas de estas enseñanzas.
Las subdivisiones de la Tercera Carta de Juan son las siguientes:
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