2 Juan

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Segunda Carta de Juan

En contraste con la primera carta, que es más bien un tratado teológico, tanto la segunda como la tercera de Juan son verdaderas cartas, con inicios y conclusiones que se ajustan a la antigua práctica del género epistolar. Ambas tienen la misma extensión, adaptándose fácilmente al espacio de escritura disponible en una hoja de papiro.

Tanto en la segunda como en la tercera a Juan, el autor se identifica a sí mismo como “el Presbítero”, refiriéndose no sólo a su edad, sino también a su posición como líder en la primitiva iglesia, evidentemente tan conocido que no necesita ser identificado por su nombre. La autoría común de ambas cartas está apoyada también por semejanzas en estilo y lenguaje, especialmente en las introducciones y las conclusiones. Aunque tradicionalmente se atribuye al apóstol Juan, estas cartas podrían haber estado escritas por un discípulo o escriba del apóstol. A pesar de algunas diferencias con la primera de Juan y con el Cuarto Evangelio, estas obras son lo suficientemente cercanas en estilo y vocabulario como para apoyar la conclusión de que las cuatro tuvieron su origen en la misma comunidad de cristianos de la escuela de Juan.

La fecha y el lugar de la composición son desconocidos, pero una opinión tradicional es plausible para ambas cartas: es decir, que fueron escritas en Éfeso hacia el final del siglo primero. Mientras que la tercera de Juan está dirigida a un líder cristiano concreto, la segunda de Juan se dirige a una comunidad de cristianos de escuela joánica, a la que se refiere metafóricamente como “a la Señora elegida… y sus hijos” (v. 1). Se desconoce dónde está ubicada esta comunidad, pero probablemente fuera cerca de Éfeso, la capital de la provincia romana de Asia (región sudoeste de la actual Turquía).

Esta breve carta no es un tratado teológico, sino una respuesta a algún problema concreto al que se enfrentaba la comunidad local. Los temas joánicos de amor y verdad subyacen a los consejos prácticos del Presbítero sobre la vida cristiana. Anima a los miembros de la comunidad a demostrar su fe adhiriéndose al mandamiento del amor mutuo y a la verdad histórica sobre Jesús. Deben resistirse a las falsas enseñanzas que pasan por alto la verdad sobre la encarnación y la muerte de Jesucristo. Para protegerlos de influencias dañinas, el Presbítero también les prohíbe ofrecer hospitalidad a quienes se declaran cristianos, pero están difundiendo falsas doctrinas entre la comunidad. La pureza doctrinal y el amor mutuo práctico son inseparables.


Las divisiones de la segunda Carta de Juan son las siguientes:

  • Saludo (vv. 1-3)
  • Mandamiento de amarse unos a otros (vv. 4-6)
  • Impostores y verdaderos maestros de Cristo (vv. 7-11)
  • Conclusión y saludos finales (vv. 12-13)

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